MI GATO NO QUIERE IR AL VETERINARIO I

 

¿Cuántas veces tú, propietario gatuno, has visto horrorizado que “tocaba “ vacunar y tenías que llevar otra vez a tu amado gato a ese lugar infernal llamado clínica veterinaria?

Sí, sí, ha pasado un año. Porque después de tu última terrible experiencia decidiste que no irías más a ese sitio a no ser que tocara vacuna o tu gato estuviera literalmente muriéndose.

Desgraciadamente esto es lo que piensan  algunos propietarios de gatos cuando los llevan a las clínicas. ¿Cuál es el motivo?.

Nuestros adorables felinos se estresan muy fácilmente  y detestan salir de sus rutinas.  El ruido de la calle, el posible viaje en coche y verse metido en un transportín que sólo se usa para este menester ya va a ser suficiente para hacerlo llegar en un  estado de ansiedad.

Ahora empieza lo bueno. ¿Qué tal si lo dejamos esperando 10 o 15 minutos en una sala de espera llena de olores y ruidos desagradables? Por si fuera poco a ras de suelo, donde solo verá piernas que se acercan amenazantes o algún hocico de perro que bien o mal intencionado se acerca a olfatear e incluso a ladrarle. Después de esto, por muy experimentado en gatos que sea el veterinario que lo trate  va a ser difícil que el pobre felino se muestre colaborador .

 

La visita del gato a la clínica tiene que estar correctamente planificada desde el principio.

 

  • El trasportín: adecuado a su tamaño y preferentemente de plástico. Es necesario lavarlo con agua y jabón neutro después de cada uso. Los gatos dejan una señal olfativa en forma de feromonas y si su experiencia es desagradable el transportín quedara “marcado” y será difícil que vuelva a entrar de forma voluntaria. Podéis ver cómo acostumbrar a vuestro gato al transportín pinchando aquí.
  • Pedid siempre cita, incluso si es urgente llamadnos antes y avisad en cuanto lleguéis. Aunque haya mucha gente e incluso más por ese motivo. Un gato debe esperar lo menos posible. Si el veterinario con quien tiene la cita está aun ocupado, el personal auxiliar lo pasará a la consulta de gatos o a otra sala donde no haya un montón de estímulos amenazadores.
  • Una vez en la clínica no sacar NUNCA al gato del transportín hasta que os lo indiquemos. No dejéis el transportín en el suelo. Utilizad una silla o incluso el mostrador de recepción.
  • Utilizad un espray de feromonas . Rociando el transportín un rato antes de salir de casa crearéis en él un ambiente mucho más agradable que hará que vuestro gato esté mucho más relajado.

 

 

Nosotros por nuestra parte intentaremos que la visita  sea lo más agradable posible. De nada sirve todo lo anterior si luego intentamos una manipulación no adecuada. Parece una tontería pero a un veterinario que visita gatos deben gustarle los gatos y además  entender su forma de comunicarse.

A veces es preferible una sedación suave para ciertos procedimientos que una sujección forzada que no puede traer nada bueno. En las visitas a los gatos hay que ser pacientes, tomarse el tiempo necesario y conocer bien las señales que nos muestran. En esto siempre es mejor intentar todo “por las buenas” y si, después de realizar la exploración, el gato está empezando a dar señales de nerviosismo o impaciencia dejemos las pruebas complementarias para el día siguiente. Cada gato tiene un “cupo” de manipulación por visita que no es conveniente sobrepasar.

En otra entrada os explicaremos por qué la consulta de un gato es diferente a la de un perro y lo que hacemos nosotros para intentar que la experiencia no sea desagradable. Así la siguiente vez que toque vacuna o tengáis que traerlo a consulta no lo dudareis  porque sabréis que vuestro peque no pasará un mal rato.

Próximamente:   MI GATO NO QUIERE IR AL VETERINARIO II

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